jueves, 17 de enero de 2008

GALLARDÓN PIERDE SU ÚLTIMA "ESPERANZA"

Hoy ha finalizado el viaje al centro del Partido Popular, al centro del extremismo ultraconservador, con olor a cuartel y sacristía.
Con la caida de Gallardón se pone fín al ciclo de purgas del PP, donde los elementos menos radicales que no han seguido las directrices de Pedro J. y Jiménez Losantos han sido condenados al ostracismo. Primero fue Piqué, le siguió Matas, continuó por Rato y hoy termina con el alcalde madrileño, el último foco de resistencia pepera a Aznar, Aguirre y compañía.
Hoy quedó claro quien manda en el PP, que no es precisamente su presidente Mariano Rajoy, sino una bicefalía político-mediático liderada por Aznar y Losantos, con Aguirre y Pedro J. como fieles mamporreros.
Hoy, Mariano Rajoy ha dilapidado sus ya escasa posibilidades de ganar las elecciones, y ha enterrado para siempre una carrera política, que ha ido matando todos estos años bajo el yugo de Acebes y Zaplana, sin saber o querer desligarse del aznarismo. ¿Cómo va el señor Rajoy a gobernar un país cuando ni siquiera es capaz de contener los miembros más poderosos de su partido? No, Mariano, tú eres el que has quemado el último cartucho que te quedaba de legitimidad para presidir al gobierno.
Pero el señor Gallardón no ha demostrado más responsabilidad que su "querido presidente". En un gesto de frustración política sin precedentes ha decidido abandonar la alcaldía de Madrid, dejando la ciudad en las manos filofascistas de Ana Botella, es decir, Aznar. Señor alcalde, usted fue elegido por los madrileños de derechas, pero también por progresistas de centro que jamás hubieran votado PP si supieran la jugada que iba a realizar.
Qué decir de la señora Aguirre, "lideresa del Partido Popular", que amenazó con dejar la presidencia de la Comunidad de Madrid con tal de tener un puesto en las listas para no dejar el camino libre a Gallardón para, tras la hoy más que probabilisima derrota popular el 9-M, hacerse con el liderazgo en el partido.
Madrid no merece unos líderes que antepongan sus ambiciones personales, dimitiendo o amenazando con hacerlo, de los cargos en los que los madrileños les hemos (yo no) colocado.
Hoy el panorama es más que desolador, con Madrid gobernado por la extrema derecha de Aguirre y una alcaldía que ya no frenará los desmanes ultraderechistas de la Comunidad, y una Partido Popular en el que han triunfado de una vez y para siempre las posiciones de sus orígenes más cercanos al franquismo, que volverán a someter al país la próxima legislatura a una desestabilización masiva, bajo la idea de "España antes rota que roja" o "la maté porque era mía".